La naturaleza de Navarra deslumbra por su colorido de cara al puente del Pilar

Visitar el Parque Natural del Señorío de Bertiz, caminar por sus senderos rodeados de frondosa vegetación o seguir el curso del río Esca a su paso por el valle de Roncal, con sus pueblos de calles empedradas donde se apiñan los caseríos, son rincones repletos de color que esperan al visitante en pleno otoño en Navarra.

El otoño trae a Navarra multitud de tonalidades de colores y presenta a los visitantes un colorido único en sus bosques, parques y rincones  llenos de encanto.

Así, en el Pirineo occidental navarro, a orillas del río Bidasoa, se encuentra un enclave natural único, un rincón verde de gran belleza con 2.040 hectáreas de exuberante vegetación: el Parque Natural del Señorío de Bertiz.

Situado en el término municipal de Oieregi, en el Señorío de Bertiz predominan los bosques de robles, alisos y castaños, tan típicos de la zona atlántica y, sobre todo, las hayas que han convertido a este enclave en uno de los hayedos más espectaculares de Navarra y del sur de Europa.

En la entrada al parque se encuentra el jardín botánico que cuenta con más de 100 años de antigüedad. Paseando por sus caminos entramados, el visitante podrá admirar más de 120 especies de árboles y arbustos diferentes, así como descubrir el único lugar de la Península donde habitan siete especies distintas de pájaros carpinteros.

Los orígenes de este recinto se remontan a finales del siglo XIV aunque su esplendor actual se debe al matrimonio que formaron don Pedro Ciga y doña Dorotea Fernández, que lo adquirieron en 1898. Don Pedro de Ciga mandó rehabilitar el antiguo palacio y ampliar su jardín con especies autóctonas y otras traídas de lugares remotos como China, Tierra de Fuego y California. A su muerte en 1949, donó la finca al Gobierno de Navarra que la declaró Parque Natural.

Alojarse en una de las casas rurales de la comarca de Baztan-Bidasoa resulta un punto de partida estupendo para caminar por cualquiera de los senderos que comienzan en el Parque Natural de Bertiz. Si bien cualquier época del año es buena para visitarlo, el otoño con sus colores ocres y rojos es un buen momento para acercarse a Bertiz y observar los movimientos migratorios de numerosas aves.

Roncal, un valle para vivirlo

En el Pirineo navarro oriental, en la muga con Francia y Huesca, se encuentra el valle de Roncal. Regado de norte a sur por el río Esca, el valle de Roncal representa la naturaleza en estado puro. Un paisaje pirenaico en el que apreciar la impresionante foz de Burgui, la belleza de cumbres como la Mesa de los Tres Reyes (la más alta de Navarra), pasear sin prisa y fotografiar los tejados inclinados de sus caseríos, que esconden una amplia oferta de alojamientos rurales, al calor de sus humeantes chimeneas.

El valle de Roncal lo componen siete localidades (Burgui, Vidangoz, Garde, Roncal, Urzainqui, Isaba y Uztárroz), dedicadas a la explotación forestal, la ganadería y el turismo.

El pasado maderero de Roncal se representa en la almadía, una balsa formada por varios troncos amarrados que servían para transportar la madera por el río. Aunque las almadías dejaron de usarse a mediados del siglo pasado, hoy en día son el símbolo de identidad del pueblo de Burgui. La localidad de Isaba, el núcleo de población más pujante del valle, cuenta con un centro etnográfico que muestra con piezas antiguas, utensilios de oficios tradicionales y trajes típicos cómo era la vida antaño.

Merece también la pena recorrer las calles empedradas de Roncal, degustar sus quesos con denominación de origen y acercarse a la Casa Museo del tenor Julián Gayarre, así como al cementerio que alberga sus restos en un magnífico mausoleo, obra de Mariano Benlliure.

Alojamientos en entornos únicos

De cara al Puente del Pilar, la amplia oferta de alojamientos rurales de Navarra permite al visitante alojarse en casas de arquitectura tradicional que se pueden alquilar de forma íntegra o por habitaciones. Sin duda, la mejor opción para disfrutar de la tranquilidad del entorno y descubrir la cultura local, en contacto permanente con la naturaleza.

Así, los caseríos y las casas de piedra, construcciones habituales en el Pirineo, se encuentran rodeadas de paisaje verde y están preparadas para el clima duro y los inviernos fríos. Basta con comprobar las dimensiones de sus gruesos muros.

Se trata de viviendas amplias, totalmente reformadas a las necesidades de hoy, distribuidas en planta baja, primera y segunda planta.

En el pasado la planta baja se solía utilizar como cuadra para guardar el ganado y los aperos de labranza, mientras que el primer piso era la planta noble, destinada a la vivienda, y en la segunda planta se utilizaba como desván y almacén de grano.

Mientras, en la Ribera predominan las casas de ladrillo, situadas en pueblos de mayor tamaño.  En algunas localidades incluso se han conservado algunas casas-cueva excavadas en la roca gracias a la orografía del terreno. Estos singulares alojamientos, además de naturales son bioclimáticos pues mantienen una temperatura constantes durante todo el año que oscila entre los 18 y los 22 grados.

Los alojamientos rurales constituyen hoy una opción ideal tanto para familias como parejas o grupos de amigos que desean desconectar del estrés diario y contactar con la esencia de la Navarra más tradicional.

Otros lugares que visitar en Navarra

La diversidad de Navarra en cuanto a paisajes de contrastes, variedad geográfica y riqueza histórica y cultural, hace que la Comunidad foral cuente con un amplio abanico de destinos turísticos. Así, en la ciudad medieval de Olite es imprescindible visitar el castillo-palacio, cuya silueta esbelta y armoniosa domina la villa.

También es cita obligada la ciudad románica de Estella-Lizarra, que atesora palacios, casas señoriales, iglesias, conventos y puentes nacidos al calor del Camino de Santiago. Así mismo, en la ruta jacobea merecerá la pena acercarse a  la fronteriza Sangüesa para  descubrir la iglesia de Santa María, cuya portada es una joya arquitectónica del románico. De igual modo, Tudela ofrece un mestizaje cultural que se refleja en monumentos, callejuelas y pasadizos, fruto del mestizaje que musulmanes, judíos y mozárabes imprimieron a la ciudad durante más de 400 años.

La agenda turística de Navarra para los próximos días ofrece además fiestas, actividades y eventos de interés como las Jornadas micológicas, que se celebran hasta el 30 de noviembre; la Semana de la Cazuelica y el Vino (hasta el 15 de octubre); o las Ferias de Altsasu/Alsasua (15 de octubre).

Un paisaje siempre verde

Para amantes de la naturaleza y del turismo activo, Etxalar es el enclave ideal, ya que está situado en el noroeste de Navarra, en los Pirineos Atlánticos, arropado por tupidos bosques, laderas cubiertas de helechos y verdes praderíos. Muy cerca se encuentran atractivos turísticos como el Señorío de Bertiz, un espacio natural de 2.040 hectáreas que por su extensa masa vegetal arbórea, sus edificios palaciegos y sus jardines con numerosas especies exóticas, constituyen un conjunto de belleza excepcional de visita obligada. Zugarramurdi es un rincón agreste y misterioso, en el que son célebres sus grutas y cuevas, rodeadas de leyenda con sus akelarres y sus ceremoniales brujeriles.

Palomeras

Son unas construcciones o plataformas ubicadas sobre los árboles, hayas principalmente, que sirven como puestos de caza de la paloma en su vuelo migratorio al Sur sobrevolando los pasos más accesibles de la cadena pirenaica. Así, los cazadores utilizan las posiciones más privilegiadas para abatirlas durante la época de pasa, entre octubre y noviembre. También se utilizan redes, en el collado que se extiende entre el monte Larún y Peña Plata, sobre Etxalar y la localidad francesa de Sara, en una tradición que data del S. XVI. A los bandos que provienen de Francia se les lanzan unas paletas pintadas de blanco que simulan halcones, y obligan a las palomas a iniciar un vuelo rasante que las conduce irremisiblemente a las redes estratégicamente colocadas.

Muy cerca, en plena naturaleza, encontramos el Restaurante “Etxalar”, en la ctra. Pamplona-Irún (km 70), enclavado en plena naturaleza, con aspecto de caserío típico de la montaña navarra, donde la cocina ha sido siempre reflejo de las virtudes y secretos de esta noble tierra.

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